martes, 29 de agosto de 2017

Personas tóxicas y cómo las reconozco

Todos nos hemos encontrado con personas tóxicas en nuestra vida. En mi caso, me las he topado desde el colegio, en grupos de amigos, en amigos de amigos, e incluso en el trabajo. Y sospecho que también en una relación de pareja, aunque en ese momento no fuera consciente. Ya que para huir de una persona tóxica en el trabajo las opciones están más limitadas que cuando se trata de alguien con quien podemos elegir si pasar el rato juntos o no, voy a dedicar este post a mi experiencia en situaciones de amistad y cómo detecto que esa persona en cuestión no me hace ningún bien.

1. Al principio todo va bien, conectas enseguida con esa persona y pueden pasarse horas y horas juntos compartiendo charlas y aficiones. La primera pista que me pone alerta cuando estoy conociendo a alguien es la manera en que me habla de otras amistades y personas de su entorno: Si critica o se ríe de las personas con las que pasa el tiempo cuando no está contigo, puedes empezar a pensar que, muy posiblemente, también te pone verde a tí cuando no estás. 

2. Otra pista que me hace tener los ojos bien abiertos es que parezca que la persona en cuestión sólo me tiene a mí. Cuando me empiezan a dar a entender que sólo quedan conmigo (normalmente con un aire de lástima) o noto cambios de humor si yo paso tiempo con otras personas, me mantengo alerta.

3. Sus temas de conversación y sus problemas son más importantes que los tuyos: La forma más sutil es cuando quieres expresar algo y te escuchan durante el tiempo justo sin darte más espacio a expresarte ni mostrar interés por lo que cuentas, o cuando te responden comparando tu situación con algo que les ocurre a ellos para que veas que ellos están peor. En los peores momentos puedes estar mal por algo que te haya pasado y no están ahí para ayudarte, sino que intentan hacerte ver que estás exagerando o que eres una persona egoísta porque ellos están peor que tú. Además, una persona tóxica nunca va a estar disponible para ayudarte si no es para recordártelo cuando le convenga, incluso aunque se lo pidas. Y desde luego, nunca va a echarte un cable con algo si no se lo pides antes.

4. Hay malestar por las pequeñas cosas, desde saber que has ido al cine con otra amistad o que en un momento del día que está libre no puedes (o simplemente ¡no te apetece!) quedar con esta persona. Es más, si no tienes la tranquilidad de poderle decir que no te apetece quedar y que no se lo tome como algo persona, empieza a hacer las maletas y a pensar en huir. 

5. Fatalismo constante. Si tienes una idea o un proyecto, van a encontrarle todas las pegas y puntos negativos para convencerte de que lo más probable es que salga mal. O de que no encontrarás lo que necesitas para llevarlo a cabo. Esto se nota en las cosas más nimias, como en proponer ir a una cafetería a tomar una tarta que te gusta, y que la persona tóxica en cuestión te diga que a lo mejor esa cafetería está cerrada, que ya verás como no queda de esa tarta o que te vas a arrepentir de comértela porque te sentará mal al estómago.

6.  No hacen nada por sí mismas. Las personas tóxicas se empeñan en que no evoluciones y no te atrevas a hacer nada nuevo por tí mismo porque tampoco lo hacen por ellas mismas. Se quejarán de todo lo que es posible quejarse en esta vida y aún así no les verás mover un dedo para cambiar su situación. Ten cuidado cuando pase esto porque corres el peligro de ser tú quien se desviva por mejorar el problema de tu amigo/a mientras que esa persona no hace nada, y acabarás sin ganas y muy agotado. En mi experiencia, las personas tóxicas con las que me he relacionado siempre se quejan de la situación en su casa y lo mal que lo pasan allí. No sé si es casualidad o si es una excusa para pasar más tiempo fuera de casa (es decir, contigo, porque a estas alturas puede que te hayan dejado claro que no tienen más amigos o que sus otros amigos son lo peor del mundo), pero rara vez les verás sentándose a hablar con su familia/compañeros de piso para encontrar una solución o buscando trabajo para poder mudarse a otra vivienda. 

7. Les falta iniciativa. No es algo que haya notado en todas las personas tóxicas con las que he tenido relación, pero sí en un porcentaje preocupante. No tienen ideas, no les apetece nada en concreto, pero se apuntan a cualquier plan que sugieras tú. Estas personas nunca tienen la iniciativa suficiente para sugerirte ir a un sitio o hacer algo, sólo esperan que tú organices el plan y seguirte. A veces con una sonrisa y a veces volviendo al punto 5. 

8. Desde su punto de vista, nunca tienen la culpa de nada. Están mal por culpa de otras personas, no pueden disfrutar de su hobby porque sus padres son malas personas y no le compran el material que necesita (amigo, si tienes más de 16 años y tanto te apasiona, ponte a trabajar), suspenden porque los apuntes que les pasaron estaban incompletos (sugerencia: Ve a las clases y toma tus propios apuntes) o tienen una discusión con Fulanita porque está loca, no porque una serie de ciscunstancias en su relación les hayan hecho discutir y tengan culpa las dos partes. 

9. Nunca sabes cómo decirles las cosas, porque prácticamente todo les va a sentar mal. Todos tenemos palabras, tonos o expresiones que nos sientan peor o que desencadenan reacciones negativas en nuestra mente, pero una persona tóxica se enfadará o montará un numerito incluso si mides tus palabras al máximo y haces la crítica más constructiva y educada que se te ocurra.
10. Lo mejor de todo es que al día siguiente no pasará nada. Ocurre como en el ejemplo que todos conocemos del hombre que agrede a su esposa pero que al día siguiente le regala flores. Cuando una persona tóxica se da cuenta de que ha cruzado la línea contigo intentará hacerte ver lo bien que va todo, lo feliz que está contigo y lo comprensiva que es. Y tú, posiblemente intentando comprender qué fue del enfado del día anterior, sin saber cómo reaccionar a esta amabilidad y empezando a dudar de tí mismo. Y vuelta a empezar. 


Llegados al punto en que has detectado que hay una persona tóxica en tu vida tienes que decidir qué hacer. Seguir ahí, aunque te perjudique (piensa si de verdad te compensan las cosas positivas con las negativas), alejarte lo suficiente como para que no pueda seguir haciéndote daño o enfriar la amistad. En esta última situación puede darse un caso de desesperación por parte de la otra persona en la que puede acabar atacándote a través de tus amigos o incluso acosándote, así que sé firme en lo que crees que es mejor para tí y no vuelvas a caer en la trampa. Cada uno es libre de estar con quien quiera y hacer lo que quiera, pero en mi experiencia, alejarme de una persona tóxica siempre ha valido la pena. Es doloroso porque es una amistad que estás perdiendo conscientemente, pero a pesar de echar de menos pasar tiempo con esa persona, siempre he acabado con la sensación de que por fin recupero las riendas de mi vida, y me doy cuenta de que no necesitaba pasar ese estrés y esa ansiedad por alguien que no hace nada por ayudarse a sí mismo.

3 comentarios:

  1. Muy buen post, me agrada que hace reflexionar también si es uno mismo quien brinda la toxicidad.

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    1. ¡Estoy de acuerdo! Escribirlo me ha servido para analizarme a mí misma. ¡Gracias por leer!

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  2. Hola, en mi opinión tu artículo es poco objetivo y tiene sus puntos flacos. Creo que generalizaste ciertas situaciones tachándolas inmediatamente como conductas tóxicas sin que necesariamente sean así.
    Hay personas que verdaderamente están atravesando situaciones complicadas y no por eso son "tóxicas". Lo que es "tóxico" es que se les tache de esa manera sin tener todo un contexto de fondo.

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