sábado, 9 de abril de 2016

Trastorno de ansiedad

Mi historia en cicatrices. Muchas de las marcadas en color rojo ya se han desvanecido.

El pasado mes de marzo, una lolita española compartió por sus redes sociales una fotografía sobre un asunto grave que ella sufre y que muchas personas tienden a considerar como una llamada de atención por gusto. Inspirada por su valentía, y animada por mi propia experiencia, me he atrevido a dedicar un post a uno de mis demonios: El trastorno de ansiedad.

No quiero hablar de mi experiencia teniendo transtorno de ansiedad, más allá de afirmar que es algo que cuando miro hacia atrás, me doy cuenta de que de pequeña ya tenía síntomas de que algo de esto pasaba; y de que hace varios años pasé una etapa muy mala que conseguí superar. El trastorno de ansiedad sigue ahí, pero los ataques de pánico son más fáciles de controlar, tengo mis herramientas para que las consecuencias sean lo menos desastrosas posible e incluso puedo pasar meses y meses sin sufrir un ataque de pánico.


Estoy cansada de que las enfermedades y trastornos mentales que no tienen ningún reflejo visible entre la ropa (debajo de la ropa a veces se acumulan marcas y cicatrices que no se ven) no existen. En esta sociedad, si estás tan enfermo que tienes que ir corriendo al baño a vomitar, puede que te excusen de las clases o del trabajo por ese día. Si estás tan tenso que tienes que irte corriendo al baño porque empiezas a temblar y a hiperventilar, estás exagerando, y tienes suerte de no llevarte además una reprimenda por tu mala actitud. "Pero si tengo tratamiento médico", dirás. Les da igual. Piensan que es todo un cuento.



Y el trastorno de ansiedad es mucho más común de lo que pensamos. Es algo que, por verguenza y miedo al qué dirán, callamos. Yo misma he tardado años en atreverme a escribir algo en mi blog en el que hable directamente de este asunto. ¿Y porqué? Nos enseñan a no mostrar debilidad, nos enseñan a que llorar y "hundirse" es de débiles. Cuando tienes un ataque de pánico hiperventilas, lloras, gritas, te pones rojo, te clavas las uñas en la piel. Aparentas ser débil, por que te han enseñado que ese comportamiento es de débiles, y no quieres. Lo que no se te ocurre pensar en ese momento, es que eso te pasa porque has estado aguantando tanto que explotas.


Y un ataque de ansiedad no es sólo pensar que te vas a morir, que no te entra el aire, pensar que te están mirando y estás montando un numerito. Son los minutos, las horas, los días previos en los que sabes que en cualquier momento saltará la tapa del hervidor. Son las horas, los días posteriores, en los que pareces un zombi, porque un ataque de ansiedad deja tu cuerpo en un estado de agotamiento tremendo. 



Y esto no ocurre exclusivamente ante la presión del trabajo o de los exámenes. Te puede pasar cuando no aguantas más la rabia y la tensión después de discutir con alguien, te puede pasar mientras estás de fiesta y sin razón aparente, te puede pasar porque estás agotad@ después de una semana complicada con los niños. Te puede pasar porque sí, porque te da ansiedad y no se debe a nada en concreto, porque todo te asusta y te preocupa, porque de pronto te despiertas y empiezas a llorar. O porque algo tan sencillo como hacer la cama o recoger los apuntes parece una tarea imposible de conseguir. Y entonces hiperventilas, te salen las lágrimas, no te entra el oxígeno, no puedes caminar. Empiezas a caminar, pero no puedes avanzar. A cada paso el corazón se te acelera y parece que te vas a desmayar. Y todo es un esfuerzo sobrehumano. Y a veces, la única manera que tienes de librarte de esa ansiedad, es con tus manos y con algo muy afilado o muy caliente. Hasta que aprendes que también puedes desahogarte garabateando, dibujándote espirales y rayones en la piel con un rotulador, escribiendo todo lo que se te venga a la mente en ese cuaderno tan bonito que guardabas para cosas bonitas. Y eso es bonito, porque te está curando. Todos tus miedos y dudas se quedarán en él, fuera de tí. 



Si no sabes de lo que te estoy hablando, pero has visto algo así en una persona de tu entorno, ayúdale. No le juzgues, hazle saber que estás ahí. Lee acerca del trastorno de ansiedad, pregúntale qué necesita y qué le ayuda. A veces es suficiente con tener una mano que te sostenga cuando parece que el mundo te está tragando.


Tener trastorno de ansiedad es vivir constantemente con esa sensación que tienes cuando pisas mal un escalón y piensas que te vas a caer.

4 comentarios:

  1. Gracias por escribir.
    Puede que si más personas vieran que es algo de lo que no debe dar miedo hablar el estigma acabe desapareciendo

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  2. Muchas gracias por escribir esto.

    Yo también espero que el estigma desaparezca pronto, porque vaya que es cansado y triste seguir escuchando que sólo necesitamos calmarnos, que estamos exagerando o que no es para tanto.

    Te mando un abrazo.

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    1. Buf, yo también estoy cansada de escuchar esos comentarios. Todo irá a mejor, ya verás ♥

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