miércoles, 26 de septiembre de 2012

Próxima estación


 Haciendo un gran esfuerzo por mantener los ojos abiertos, el joven esperaba en Puerta del Sur el metro que lo llevaba hasta su destino. A pesar de que no eran más que las ocho de la mañana, ya se agolpaban todo tipo de pasajeros en el andén. Él calculó con bastante acierto, provocado por la fuerza de la costumbre, dónde se abrirían las puertas de su vagón favorito, y apenas unos segundos después de que el metro hiciera su ruidosa aparición, se encontraba dentro.

"Cada vez esto se parece más a una lata de sardinas", observó el joven para sí mismo. Si bien el metro es un transporte común en una gran ciudad como en la que él residía, la cantidad de personas, diferentes entre sí, que lo utilizaban, seguía asombrándole.

"Próxima estación: San Nicasio"

Ahí estaba el joven negro que en mañanas anteriores ha escuchado hablar en francés, sentada frente a ella, una señora con dos niñas pequeñas, gemelas, y sus respectivas mochilas escolares. Entre las tres apenas ocupan dos asientos. Un hombre con aspecto de ejecutivo se acomoda la chaqueta, y una chica tan dormida como él trata de hacer el viaje más ligero con su smartphone. Él, por su parte, escucha Enter Sandman en su mp3. Nada mejor para empezar el día.

"Próxima estación: Leganés Central"

Sube gente, mucha gente. Un grupo de quinceañeras entra riendo con apuntes de colorines en sus manos. No se sientan juntas, no quedan asientos libres para todas, y permanecen de pie, como el propio joven que las observa. Tan alegres, tan iguales, tan insulsas. El tiempo se le hace eterno.

 "Próxima estación: Hospital Severo Ochoa"

Siempre le ha gustado la pausa que la voz, grabada años atrás, de megafonía, hace entre "hospital" y "Severo". Muy cantarina. Entra un hombre que aparenta más edad de la que probablemente tenga. El joven observa sus tatuajes y sus cicatrices y se pregunta qué historia habrá tras este pasajero. Igual que tras cuaquier otro, desde la mujer filipina que carga con unas bolsas de la compra que seguramente no sean para su casa hasta el niño, demasiado joven para viajar solo en metro, que carga una mochila a la espalda y un balón de fútbol bajo el talón. Quizás sus padres trabajen desde temprano y no haya tenido más remedio que acostumbrarse a hacer el recorrido hasta el colegio en soledad. O quizás no, él no lo sabe, sólo lo imagina. 

 "Próxima estación: Casa del Reloj"

Ya queda menos. Confiaba en no haberse equivocado, que nada haya hecho que ella tomara otro metro, que la exactitud inglesa que demostraba desde hacía meses no fallara.

 "Próxima estación: Julián Besteiro"

Sólo una parada más.

 "Próxima estación: El Carrascal"

Y por fin. Como cada mañana, tres veces en semana y durante los últimos meses, allí estaba ella. Distraída, en el andén, esperando en el mismo punto de siempre... Ella también tenía predilección por un vagón en concreto, y él lo sabía.

Las puertas se abren, ella entra rodeada de viajeros de todas las edades, y él la observa. Se fija en su vestido negro sin mangas y en la blusa azul oscura que lleva bajo el mismo. Ese día, además, lleva un adorno en el pelo, dos rosas del mismo tono de azul que la blusa, adornadas con encaje y una pequeña cruz. Un bolso con forma de corazón, negro también, contrasta con el aspecto oscuro pero elegante de la joven.

 "Próxima estación: El Bercial"

Era una Lolita, él lo había descubierto poco después de verla por primera vez y quedarse prendado de ese pequeño ángel oscuro que eclipsaba al resto de "sardinas" que viajaban en el metro, apretujadas como en una lata. ¿Cómo había leído él en aquel foro? ¿Lolita Gótica? No, casí, Gothic Lolita, estaba seguro. Y ésa podía ser un buen comienzo. Quizás si se mostraba interesado en lo que a ella le gusta podría preguntarle su nombre. Y quizás invitarla a tomar algo algún día. ¿Las Lolitas salían de fiesta? No lo sabía, no podía imaginarlo. Con esa chica, no podía imaginar nada. Las vidas inventadas del resto de pasajeros eran un simple pasatiempo que, ante la visión de esta joven, se volvía imposible. ¿Cómo saber qué estudiaba, cuales eran sus aspiraciones, de qué tipo de familia provenía? Toda la psicología de la apariencia se desmoronaba.

 "Próxima estación: Los Espartales"

Decidido, se quitó los auriculares, se ajustó la mochila al hombro y caminó hacia ella...

 "Próxima estación: El Casar"

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