viernes, 10 de agosto de 2012

Eugéne


Eugéne empezó siendo un hombre. Un niño, para ser más exactos. Un poco raro, un poco llorón y cobarde justo en las situaciones en que menos requerían esas actitudes, pero un niño al fin y al cabo, ignorante del don que el destino le había deparado. Y es que Eugéne tenía un don, o una maldición, o una habilidad, según considere el lector, y es que cambiaba de sexo y género de manera aleatoria.

Aunque su infancia se había desarrollado, en líneas generales, como la de un niño cualquiera (aunque ahora Eugéne duda si acaso ya esto ocurría desde sus primeros años, acaso no tuviera él la capacidad de darse cuenta). La cuestión es que una mañana, siendo ya más un joven que un infante, despertó siendo una mujer. En su entorno no parecía importar, es más, no parecía darse cuenta nadie, como si con su cambio de sexo coincidiera un cambio en los recuerdos de sus familiares y amigos, de manera que si esa mañana Eugéne aparecía con cuerpo, voz y actitudes femeninas, parecía como si todos le conocieran como mujer. Como mucho, una mirada perdida de su interlocutor le daba que pensar a Eugéne "¿Se habrá dado cuenta de que yo ayer era un hombre?", pero nunca podía confirmarlo. Eugéne temía que le tacharan de loco.

Con el tiempo, nuestro protagonista se había acostumbrado. Incluso había empezado a reconocer los síntomas que, desde la tarde anterior, aducían un cambio de sexo al despertar de la mañana siguiente. Podía pasarse días y meses siendo un hombre, o una mujer, pero sabía que en un momento dado, cualquier mañana, podría mirarse en el espejo y ver a una elegante muchacha o a un joven muy guapo. Pero nunca podía decidir y manipular este don a su voluntad. Si al día siguiente quería estrenar el bikini que acababa de comprarse, tendría que esperar hasta esa misma mañana, no sea que madrugara sin nada que ocultar bajo un sujetador.

Eugéne a veces, después de largas temporadas ocupando sólo uno de sus cuerpos, llegaba incluso a echar de menos su otro yo. Y es que cuando era un chico, su atrevimiento, su pragmatismo y su dinamismo hacían que la sangre saltara, más que corriera, por sus venas. Y cuando era una chica su cuerpo le pedía tranquilidad, horas de música y lectura, pero también le provocaba una inseguridad complicada de entender. Además, por haberse criado como un niño, a Eugéne le había costado asumir que también era una chica, encontrarse dentro de ese cuerpo desconocido y de esas ideas enrevesadas y atemorizantes. Un hombre y una mujer, encerrados en el mismo cuerpo pero sin poder vivir a la vez. Como dos amantes que sólo se conocen a través de cartas románticas, el Eugéne masculino y la Eugéne femenina se estudiaban uno al otro sin poder dialogar con soltura entre ellos. En el centro, su auténtica esencia, el/la Eugéne auténtico/a, había acabado por convertirse en un mero árbitro, observador y vigilante de ambos.



Bigénero: Es una tendencia a moverse entre los roles de género masculino y femenino según el contexto, expresando una clara “feminidad” y una clara "masculinidad” respectivamente. Es reconocida como un subconjunto del grupo de los transgéneros. Si bien una persona cisgénero conserva el mismo rol de género en cualquier situación , la persona bigenérica consciente o inconscientemente, cambia los roles de género de masculino a femenino en primer lugar, o viceversa.


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